
Harta de sí misma
 “Deje que la mujer de Dios que existe dentro de usted viva por largo tiempo y libremente.”
A veces, la única manera de cambiar una situación es quedarnos harta de ella. Lo que no faltan son mensajes sobre el poder de dar un basta en nuestros problemas, pero siempre me pregunto por qué tantas mujeres no consiguen entender el espíritu de tales mensajes. Hay situaciones en nuestra vida que preferimos dejar de lado, con la ilusión de que ellas van a desaparecer cuando menos lo esperamos. Por eso ellas se complican cada año que pasa, y llegamos a la conclusión de que son muy difíciles, por eso es mejor dejarlas como están.
Algunas personas piensan así: “Yo soy así, y los demás se tienen que acostumbrar”. Esa actitud puede tornarse un peso para las demás personas como también puede levantar una fuerte barrera para aquellas que se querían acercar. Yo acostumbraba a pensar de esa forma hasta el día que aprendí que podía ser y hacer lo que yo quiera. Con el tiempo, fueron tornándose cada vez más fáciles y ya no precisaba más esforzarme tanto para hacerlas.
Hay un momento en nuestra vida que algunas cosas tienen que ceder y otras que tienen que ser cambiadas. Es en esta hora que damos un BASTA para ciertas situaciones.
Finalmente el Virrey dio con un hombre que le dijo: “mi Señor, yo estoy aquí porque lo merezco. Necesitaba dinero y le robé a una persona. Estoy aquí porque merezco estarlo.”
Dios está constantemente dándonos oportunidades para cambiar, pero cabe a nosotras aceptarlas. Es como una planta en un vaso, si no la podamos, no crecerá más de lo que el vaso pueda soportar, quedará débil y eventualmente morirá. Precisamos ser “podadas” de vez en cuando. Hay cosas en nosotras que solo están ocupando espacio y, consecuentemente, impidiéndonos de crecer, de tornarnos mujeres mejores y de hacer la diferencia en la vida de nuestros amigos, parientes y familiares. Obviamente, la “poda” lastima. En el caso de las plantas, al principio se tornan feas y sin vida. En nuestro caso, la poda nos hace sentir avergonzadas y humilladas. Pero asimismo como sucede con las plantas, nos tornamos más fuertes, más bonitas y mejores, cuyo ejemplo inspira a otras mujeres.
Dios quiere que seamos como una linda planta que decora este mundo de una forma tan bella, exhalando una fragancia muy especial, inspirando a muchas mujeres y haciendo la diferencia en este mundo extraño y loco. Él quiere que seamos útiles, pero cabe a nosotras aceptar o no. Cuando una planta no sirve para nada, generalmente la escondemos en algún lugar de la casa, o la colocamos afuera. Las bellas están siempre en los mejores lugares de la casa para ser vistas. ¿No sucede lo mismo con nosotras? Las mujeres que están siempre dando y causando problemas son dejadas de lado, solas. Por otro lado, es bueno estar entre las mujeres que constantemente van mejorando.
Use el “poder del basta” dentro de usted y cambie. Deje que la mujer de Dios que existe dentro de usted viva por largo tiempo y libremente. No se trata de quién usted es, sino del tipo de mujer de Dios que quiere ser.
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