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Como comenzó la Iglesia Universal

   Hablar de la Iglesia Universal del Reino de Dios es lo mismo que describir un milagro. La pequeña semilla nacida en el corazón del joven Edir Macedo, en abrir una puerta que enseñase al pueblo a tener fe en un "Dios Vivo", sólo brotó cuando él resolvió dar el primer paso: sin condiciones para alquilar un inmueble, pasó a realizar reuniones en la calle, más exactamente en un tablado en el Jardín de Méier.



   Con determinación y osadía, y auxiliado por un pequeño grupo de personas llenas de fe y de mucho amor por las almas, hizo nacer oficialmente esta Iglesia el 9 de julio de 1977. Los cultos eran frecuentados de tal manera que provocaron el alquiler de otros espacios. De los cines, las reuniones pasaron a ser realizadas en una tienda, que fue una antigua funeraria, en el barrio de la Abolição, zona norte de Río de Janeiro. Irónicamente, el lugar comenzó a ser usado para rescatar y llevar vida a los espiritualmente muertos.

   En aquella época, la divulgación era hecha por diez obreros. Ellos pegaban folletos de evangelización en los postes e invitaban a las personas a participar de los cultos. Cruzada del Camino Eterno, Iglesia de la Bendición y, finalmente, Iglesia Universal del Reino de Dios fueron algunos de los nombres utilizados en la formación de la actual Iglesia. El obispo, junto con otros pastores, elaboró las normas y estatutos de la IURD.



   No tardó mucho y fue preciso alquilar inmediatamente un espacio mayor. Muchas oraciones y ayunos fueron hechos con el propósito de que Dios mostrara un lugar en las inmediaciones del barrio para atender las necesidades de la Iglesia que crecía muy rápidamente.

   Una antigua fábrica de muebles en el número 7.702 de la Avenida Suburbana parecía ser el local ideal. El galpón se volvió el gran templo de la Abolição con capacidad inicial para 1.500 fieles. Luego, fue preciso ampliar la capacidad para dos mil personas Cuando el Obispo Macedo alquiló el galpón, esto fue considerado un gesto alocado, pues el alquiler del inmueble era muy alto. Esa osadía, entretanto, contribuyó para hacer de la Universal lo que ella es hoy: una Iglesia que no para de expandirse.

   Los planes para la Iglesia siempre fueron grandes. Ya en las prédicas realizadas desde el jardín de Méier, el Pastor Macedo acostumbraba a decir que la Universal tenía por objetivo predicar el Evangelio a los cuatro puntos del planeta y, para eso, sería necesario usar los medios de comunicación.

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